2035 – Si los Mercados Ambientales mantuvieran al hombre vivo

7 de junio de 2008 Chris Wood

Primavera seca: La crisis futura del agua en Estados Unidos es un cuento de precaución ambientalista con un final esperanzador cortesía de los mercados ambientales.  Aquí, el autor Chris Wood comparte con Valorando Naturaleza su visión de un mundo en el cual se descubre ese final esperanzador.

Un nuevo régimen de pagos ambientales en nuestra economía significa que mis nietos pagarán menos por los productos que contengan menos impacto ambiental acumulado. La industria paga por aquellos servicios ambientales que requieren sus procesos, e incluye esos costos en el precio de los productos (motivando a los negocios exitosos a trabajar incesantemente para reducirlos).

Como resultado, los patrones de gasto han cambiado. Los compradores son atraídos por las características de diseño y durabilidad que los mantendrán felices con sus compras por años. Los bienes desechables casi han desaparecido de los estantes, sacados del mercado por el sobre precio impuesto por cargos ambientales.

El alto precio de las cosas manufacturadas que la gente utiliza sólo ocasionalmente como herramientas de uso rudo, o equipo vacacional, queda en la actual explosión de centros que los rentan.

Estamos viendo ahora más consumismo social: participación en actividades populares en grupo como cenas o clubes de paseos a pie, muchos de los cuales han reemplazado al ir de compras como actividad recreacional.

 

El auge de los servicios ambientales

Hoy las ciudades incluyen el costo de los servicios ambientales que sus ciudadanos consumen en una variedad de cobros públicos, desde las omnipresentes tarifas de congestionamiento del centro de las ciudades, cuotas de agua, impuestos a la propiedad y cuotas para permisos de construcción. Los dueños de viviendas ven los mismos cargos en las cuentas individuales que son obligatorias hoy en muchas comunidades.

El dinero resultante de estos cargos, junto con pagos ecológicos industriales, fluye hacia los proveedores acreditados de eco-servicios, ya sea localmente o a través de mercados ambientales globales iniciados en los años veinte en Nueva York, Londres y otros centros financieros. Dicho dinero sirve para apoyar a un nuevo y floreciente sector económico ya que están en auge los consorcios de manejo de suelos vírgenes, firmas de bioingeniería ambiental y compañías de construcción del hábitat. En las áreas urbanas, el empleo para restaurar y recrear ecosistemas ha más que compensado los empleos perdidos en el repliegue de los grandes comercios minoristas. El número de autos rodando ha caído en picada y muchos de los nuevos espacios verdes ocupan hoy lugares dedicados anteriormente a estacionamientos.

 

Banco de la biodiversidad

Los pocos ambientalistas de la vieja escuela de mi misma edad, reclaman reivindicación en cuanto a que al menos el ambiente está siendo valorado correctamente. Pero se lamentan (junto con los jóvenes adoradores de la tecnología) por la continua cascada de extinciones cada vez que las especies pierden un fragmento más de su hábitat.

El sufrimiento del público por esta pérdida, ha producido respuestas contradictorias. Con cada especie que se extingue, algunas personas encuentran menos razones para continuar salvando a otras especies.

"De cualquier manera se van", dice la gente a veces.

En la misma forma, la carpa Asiática y otras especies una vez señaladas como alienígenas invasores se están rehabilitando ante la opinión pública actual como los supervivientes del cambio climático. Los grupos que administran empresas sin fines de lucro y las agencias ambientales públicas, pagan un bono por los ecosistemas que proveen de corredores migratorios para las especies en peligro. 

 

El nuevo paisaje urbano

Hoy casi cada comunidad en Estados Unidos requiere de un diseño urbano verde y de recolección de agua pluvial. Los códigos de construcción insisten en una plomería dual, con colectores de agua en gris para la reutilización por parte de la comunidad. La modernización de la cisterna en una casa antigua se ha convertido en una constante en las remodelaciones tanto como cambiar las cocinas. Montreal se ha convertido recientemente en la última región urbana en duplicar su sistema de agua para la distribución separada de agua potable y de agua recolectada.

Los viajes aéreos se han vuelto costosos, pero aquéllos que viajan sobre las ciudades de Estados Unidos ya no ven desiertos industriales de asfalto, concreto y piedras. En lugar de esto, ven kilómetros de praderas en parches reflejando los techos "verdes" plantados con arbustos y pastos locales. Esto reduce los costos para los dueños en aire acondicionados y calefacción y disminuye las inundaciones por lluvia.

Algunas fábricas grandes han transformado sus techos en oportunidades de generación de ingresos, rentándolas a granjeros para cultivos o para calificar para créditos ambientales. Se pueden ver vacas pastando o uvas madurando sobre los esparcidos complejos industriales.

Otros negocios están buscando dónde es que las conexiones de plomería de las industrias les pueden permitir la ventaja de la reutilización de aguas. Algunos han cortado sus lazos por completo con las redes municipales y les dan a su personal agua embotellada para refrescarse.

La erosión y contaminación de los lechos de los ríos por causa de inundación por el desagüe de calles ha sido reducido dramáticamente en las áreas urbanas, a pesar del aumento de las fuertes lluvias, sin la necesidad de expandir las tuberías de drenaje ni adicionar plantas de tratamiento residual, las cuales cada vez más se conocen como instalaciones de recuperación.

Los desperdicios sanitarios líquidos se vuelven un agua tratada con valor comercial y un sub-producto de composta que a su vez encuentra un mercado ávido en la industria de la mitigación ambiental donde se utiliza para rehabilitar los estacionamientos que han dejado de serlo así como otras paisajes degradados y convertirlos en pantanos, sabanas, praderas o bosques.

Gracias a estos cambios en diseño urbano, de construcción y del uso del agua doméstico y comercial ninguna ciudad en los Estados Unidos ha tenido que condenar un valle más para la construcción de nuevas represas en más de una década. La práctica extendida de reutilización del agua con propósitos paisajistas o comerciales ha permitido que las plantas de tratamiento de agua existentes en la mayoría de las ciudades den servicio tranquilamente a las crecientes poblaciones.

 

Los retos continúan

El futuro es tan inseguro como siempre, pero hemos llegado al año 2035 con nuestra civilización intacta y la economía del continente respondiendo al impacto en el ambiente más que en cualquier otro momento desde antes de la Revolución Industrial.

No solamente corregimos el asunto del agua, sino que al hacerlo terminamos con el distanciamiento entre nuestra especie y la naturaleza. Celebremos este 2034 como el primero de muchos años en que utilizamos menos recursos naturales de los que nos toca de lo que produce el ecosistema del planeta. Nuestra contabilidad ambiental ha regresado, después de muchas décadas, a los números negros o mejor dicho, a los números verdes. Nuestra parte del planeta puede afirmar cautelosamente, que se está recuperando.

 

Artículo adaptado del epílogo de la obra Dry Spring: The coming Water Crisis of North America (Primavera seca: La crisis futura del agua en los Estados Unidos), publicado en conjunto por Publishers Group West (Canada) y Raincoast Books (USA). Disponibleen Amazon.com.

Chris Wood es periodista canadiense. Lo puede encontrar en su sitio web: www.bychriswood.com.

Artículo traducido por la Profesora Alina Laura Huacuja Cerecero.

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