Colombia tendría el área protegida más grande del Amazonas

30 de enero de 2013 Viviana Londoño Calle

El Gobierno colombiano le apuesta a que el Parque Nacional Chiribiquete pase de tener 1,5 a 3 millones de hectáreas, convirtiéndose así en la reserva más grande del Amazonas. 

Si todo sale como el Ministerio de Ambiente lo tiene planeado, en dos meses, Colombia tendrá el  área protegida más grande del Amazonas continental. Así lo anunció el presidente Juan Manuel Santos en la Cumbre Río + 20 al mundo y ahora esta iniciativa empieza a convertirse en una realidad: a esta hora el Ministerio de Ambiente, a través de la Unidad de Parques Nacionales, trabaja a toda marcha en la ampliación de El Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, ubicado entre los departamentos de Caquetá y Guaviare.

La idea es doblar el área del parque de 1,5 a 3 millones de hectáreas, con una inversión cercana a los USD $167 millones. Nada más y nada menos que 27.808 km2 de selva virgen en donde jaguares, monos, dantas, águilas arpías y caimanes negros tendrían su hábitat asegurado.

Son varios los  propósitos que se alcanzarían con la  ampliación de esta área protegida. Por un lado, se podría mantener la integridad ecológica y la función de los ecosistemas presentes en el área. Esto se traduce en “la conservación de especies endémicas y/o amenazadas y de  los procesos ecológicos que sustentan la continuidad entre los biomas de los Andes, la Guyana, la Amazonia y Orinoquía”, como lo señala Parques Nacionales.

Por el otro, como explica Diana Castellanos, directora de la Territorial Amazonia de Parques Nacionales Naturales, con las nuevas dimensiones que se tienen planeadas, el Parque amortiguaría los efectos del cambio climático, debido a que serviría para la regulación hídrica de las cuencas de los ríos Apaporis Yarí y bajo Caquetá. El mantenimiento de los bosques llevaría además, a que se genere la oferta natural para  comunidades locales ubicadas por fuera del área protegida  y, en especial, “para los pueblos indígenas, relacionados ancestralmente con la región comprendida entre los ríos Caquetá, Yarí, Apaporis e Itilla”.

En resumen, el nuevo Chiribiquete, así como está planeado, amortiguaría millones de toneladas de emisiones de CO2, preservaría un corredor biológico entre los Andes y el Amazonas y mejorará la calidad de vida de los habitantes de la región.

Territorio ancestral

Esta selva desconocida para la mayoría de los colombianos y declarada como zona protegida en 1989, esconde las huellas arqueológicas de la cultura ancestral Karijona: un complejo de pinturas rupestres que se convierten en pistas claves para tejer su memoria cultural y entender así cómo fue el poblamiento de la Amazonia. Si se logra ampliar el parque, indígenas de las familias Uitoto, Caribe y Arawak podrían continuar con el aislamiento voluntario y tendrían menos probabilidad de contactos con el exterior.

Un dique contra la minería y la deforestación

El proyecto surgió con el fin de fortalecer la conservación de este ecosistema estratégico, justo cuando son más latentes las amenazas por la expansión agrícola y ganadera y los desarrollos de diferentes sectores como la minería y la infraestructura. Un ejemplo para entender los riesgos es que al mismo tiempo que avanza el proceso de ampliación del parque, continúa vigente un decreto firmado por el presidente Santos, a través del cual fueron declaradas 17 millones de hectáreas de la Amazonía y la Orinoquia colombiana como zonas de minería estratégica.

El gobierno ha insistido en que se trata de una estrategia para “lograr el crecimiento y el desarrollo sostenible del sector minero colombiano, bajo un concepto de responsabilidad técnica, ambiental y social”. Además, que en un transcurso de 10 años, se seleccionarán las empresas más calificadas para que hagan la explotación, como una medida para evitar la minería ilegal. Pero son muchos los cuestionamientos a esta iniciativa, tanto así que el propio Ministerio de Ambiente ha reconocido que “La actividad minera en la Amazonia representa un peligro de daño irreversible”. Al respecto, el experto en derecho ambiental, Gustavo Wilches, señala que “no se trata de negar la minería, pero hay sitios como el Amazonas donde la prioridad son los servicios ambientales”.

Es claro que el Parque Chiribiquete no entraría dentro del polígono, debido a que está blindado de cualquier actividad de alto impacto por ser una zona protegida. Sin embargo,  según las disposiciones del Gobierno, en parte del departamento del Guaviare sí se abrirían las puertas para la llegada de mineras,  lo que tendría repercusiones en los ecosistemas del parque.

Por otro lado, un estudio en el que participó el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), advierte que debido a la deforestación y a la ganadería extensiva, el Caquetá -uno de los departamentos en los que está ubicado el parque- es uno de los lugares más deforestados de América Latina. Según la investigación, de continuar con la deforestación, que sólo el año pasado acabó con casi 20 mil hectáreas de cobertura vegetal, en una década, el Caquetá podría ser apenas un gran potrero. Frente a esta realidad, el nuevo parque sería una gran barrera contra la transformación del ecosistema.

En cuanto al tema de los recursos para lograr esta meta, la oficina de Asuntos Internacionales del Ministerio de Ambiente señala que Gran Bretaña, Alemania y Noruega, estarían interesados en participar en la  financiación de proyectos de conservación con los campesinos de la región. Entre sus planes están proyectos de ganadería y agricultura sostenible en las zonas de amortiguamiento.

¿Qué falta para que la ampliación sea un hecho?

Los siete grupos indígenas que rodean el parque ya le dieron el aval a la iniciativa. Por ahora, faltaría la aprobación de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y un concepto previo no vinculante del Ministerio de Minas y Energía, debido a que en la zona  hay una reserva de petróleo de un millón de hectáreas, que coincide con el área propuesta para el Parque. Estos procesos se tardarían dos meses más, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente.

Lo que está en juego

Si logra doblar El Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, Colombia estaría haciendo una de las apuestas más estratégicas para la conservación del Amazonas. Una apuesta que puede trazar la diferencia en el futuro, entre un gran parque con amplios servicios ecosistémicos o en el peor de los casos, un potrero de millones de hectáreas.

 

Viviana Londoño Calle contribuyó este artículo. Se puede encontrar en xxxxxxx@xxxxxx.com.

 
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