Conservación comunitaria de agua a través de la conservación de páramos

30 de enero de 2013 Jimmy Carrillo

Desde hace más de sesenta años, Baltazar Ushca, recorre los linderos que circundan el icónico volcán Chimborazo, en Quito (Ecuador), buscando hielo. “Yo llevo el hielo natural a Riobamba. Este es un trabajo duro. Es un trabajo de hombre”. El problema, asegura don Baltazar, es que el hielo que antes conseguía con facilidad ahora “es más difícil de sacar”.

Aunque como consecuencia del cambio climático se ha previsto que habrá una reducción importante de la extensión de los páramos andinos en los próximos años, el articulo presenta como los estudios y el esfuerzo de muchos comuneros otorgan la esperanza de que esta pérdida pueda llegar a controlarse mediante formas ancestrales de manejo de la variabilidad andina.

Don Baltazar se hace llamar el “único hielero” que queda en el Chimborazo. Él sabe que su batalla es contra el tiempo; contra el inevitable deshielo que crece año tras año y contra el agua que se va. Pero no es el único que se ha percatado de esto.

De hecho, muchos de los comuneros de las zonas donde están ubicadas las parroquias de San Juan y San Andrés, en la provincia de Chimborazo, son agricultores y ganaderos. Para ellos, que viven a las faldas del volcán, la ausencia de agua es una amenaza directa a su futuro.

Por ejemplo, José Paco, un comunero de San Andrés, asegura que estos cambios se vienen presenciado “desde hace aproximadamente diez años. Ahora, venimos buscando puquios (que en quechua significa ‘vertiente de agua pura y cristalina’) para poder sobrevivir”.

Calor y frío excesivos, disminución de la humedad y el agua, cambios en el ciclo climático anual, todo ello es lo que los indígenas y campesinos de San Juan y San Andrés perciben en relación al clima en la actualidad. “Ahora, en las comunidades estamos trabajando en la captación de agua” agrega José Paco. “Pero eso no es suficiente. Falta hacer más”.

La alerta sirvió para que muchos comenzaran a buscar salidas a la crisis. De esta forma, y tras diversas investigaciones de centros nacionales, la respuesta llegó desde una de las zonas menos pensadas. El secreto estaba a su alcance: en sus propios páramos.

 

Aprendiendo de lo propio

Los páramos son ecosistemas terrestres de montaña andinos que tienen la propiedad de poder almacenar el agua captada a través de los pajonales, tanto de la lluvia como de la misma humedad de la atmósfera, guardándola bajo el suelo.

Así, los pajonales se convierten en colchones de agua naturales en la cabecera de cuenca, que permiten que el agua se vaya colando subterráneamente, llegando a todas las poblaciones que se encuentran más abajo.

Es frente a esta evidencia, que surgió la necesidad en los comuneros de hacer planes conjuntos para proteger los páramos. Olmedo Cayambé, comunero y gerente de Puruha Razurku -organización que promueve el turismo sostenible en Chimborazo- fue testigo de cómo los pobladores se organizaron bajo la meta común de proteger estas extensiones.

Cayambé: “Antes, con esto del cambio climático, la gente decía que nosotros no íbamos a tener agua dulce. Pero nosotros creemos y confiamos que vamos a tener agua. ¿La razón? Estamos trabajando en la conservación de los páramos, nuestras naturales reservas”.

Este caso evidencia que cuando existe una dependencia directa a los recursos naturales, como en el caso de estas comunidades locales y pueblos indígenas, la necesidad de adaptarse bajo conocimientos tradicionales es fuerte.

Es más: estas prácticas se implementan en el contexto de nuevos saberes y técnicas relacionados a las prácticas agroecológicas y al manejo del agua. Por ello, incluso, la crianza de ganado en la zona tuvo que cambiar.

“Acá teníamos mayormente ovinos en las últimas décadas” comenta Segundo Huamán, un criador de alpacas de la zona. “Pero hemos ido cambiando a alpacas por muchos motivos: por su pelambre y porque sus pezuñas no maltratan el páramo”.

El cambio de ovinos a camélidos sudamericanos, como la llama y la alpaca, fue parte de este cambio de paradigmas a favor de la conservación de los páramos.

A esto, debemos sumar un programa de crianza de vicuñas, en la Reserva de Producción Faunística Chimborazo, que son camélidos silvestres que se encuentran a cargo del Ministerio del Ambiente.

 

Tiempo de cambiar

Como forma de enfrentar el cambio climático, las comunidades de San Juan y San Andrés vienen recuperando antiguas prácticas de siembra asociada y diversificación de cultivos.

EcoCiencia, una entidad científica ecuatoriana cuya misión es conservar la diversidad biológica mediante la investigación, la recuperación del conocimiento tradicional y la educación ambiental, realizó una investigación sobre estos saberes y técnicas.

De acuerdo a estos estudios, estos espacios fueron usados históricamente como terrenos para pastear principalmente borregos. Los borregos al pastar arrancan desde la raíz los pajonales, dejando huecos en el terreno que deteriora la tierra.

El estudio de esta organización demostró que, con la intención de dar un mejor resultado al pastoreo, anteriormente, los comuneros tenían como costumbre quemar los páramos.

La razón de la quema: con estas acciones se creía que el páramo se renovaba con rapidez y los borregos podían comerlos con más facilidad (los pajonales eran muy altos para ellos y les dañan los ojos).

Pero esta perspectiva cambió. Los estudios recientes señalan que, al quemar los pajonales, los páramos pierden sus características de almacenaje.

Una conversación con Sacán Malca Manuel, dirigente del poblado de Tambohuasha, lo evidencia así: “Antes, como no sabíamos sobre qué hacer y no nos habíamos dado cuenta de nuestros conocimientos, quemábamos la paja. Ahora siempre la estamos cuidando. Es más: siempre nos damos una vuelta para vigilarla. Para que esté bien”.

 

Aprendizaje

El proyecto “El Clima Cambia, Cambia Tú También”, desarrollado por UICN Sur y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) busca identificar y documentar estas experiencias de adaptación al cambio climático basadas en conocimientos tradicionales dentro de la región andino- amazónica.

La meta del proyecto es usar estos buenos ejemplos como base para la creación de políticas públicas que promuevan y den seguridad jurídica a estas iniciativas para que sigan desarrollándose.

De acuerdo a un documento publicado por la SPDA y UICN este año, la provincia de Chimborazo se encuentra “en un momento decisivo, en donde un cambio de paradigma es necesario para que las siguientes generaciones puedan seguir teniendo agua”.

Los mismos pobladores de las faldas de este volcán lo saben. Olmedo Cayambé lo refiere así: “Esto para nosotros es importante. Estamos viendo el tumbuzono, que es como un colchón de agua. En los páramos, esto mantiene bastante agua. Esto, mojado, tiene mucha humedad, y nos ayuda a mantener nuestro líquido vital que es el agua. Acá en el Chimborazo lo usamos mucho”.

 

Pasos hacia el futuro

Frente a esta realidad, las comunidades organizadas han tenido que hacer un arduo trabajo de re-educación a los campesinos, difundiendo las bondades de los páramos y la necesidad que ahora se tiene de conservarlos. Así se ha creado una fuerte iniciativa de conservación y reestructuración de las actividades extractivas que normalmente se han llevado a cabo.

Este trabajo de organización representa una experiencia importante de adaptación al cambio climático, otorgando una visión propositiva a las manifestaciones de este fenómeno.

Olmedo Cayambé asegura: “Es impresionante lo mucho que se puede aprender de las comunidades que solo cuentan con ellas mismas para solucionar los problemas básicos de abastecimiento de recursos”.

 

Una nueva visión de futuro

Si bien es cierto que, como consecuencia del cambio climático se ha previsto que habrá una reducción importante de la extensión de los páramos andinos en los próximos años, como se ha detallado en este artículo, son los estudios y el esfuerzo de muchos comuneros los que otorgan la esperanza de que esta pérdida pueda llegar a controlarse mediante formas ancestrales de manejo de la variabilidad andina.

Adicionalmente, en la actualidad se están realizando diversos proyectos de siembra de agua, como el de la comunidad Pichan Central, que es una iniciativa exitosa y pionera en cuanto a manejo de agua en base a técnicas tradicionales. Estas iniciativas vienen siendo impulsadas por el gobierno autónomo de Chimborazo.

Históricamente, las poblaciones indígenas han sido las más afectadas por el impacto de estas amenazas. La altitud, las condiciones climáticas y su situación de vulnerabilidad social las hacen muy sensibles a tales impactos y reducen su capacidad de producción, consumo y comercialización. Sin embargo, ahora, con estos trabajos comunitarios, la percepción de una mejora en la calidad de vida ha cambiado para mejor.

Para Olmedo Cayambé, el cambio de actitud es evidente: “Todos estamos trabajando en conjunto. Estamos buscando un desarrollo comunitario para nuestra gente. Ahora somos previsores. Sabemos cuidar nuestra agua. Porque es gracias a todos estos esfuerzos que ahora tenemos más agua”.

 

Jimmy Carrillo es el Director de la Unidad de Comunicaciones de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA). Lo puedes encontrar en jcarrillo@spda.org.pe. Además, Carrillo dirige el portal www.actualidadambiental.pe, cuyo grupo de periodistas contribuyen al sitio de Mercados Ambientales.com. Este es su primer artículo para el sitio mercadosambientales.com.

 
©Copyright 2018, Forest Trends Association. All Rights Reserved.