Dirigiendo la sinfonía de la sustentabilidad

30 de noviembre de 2009 Amanda Hawn

Lograr la sustentabilidad en México puede ser un trabajo difícil. Por fortuna, Pati Ruiz Corzo, la fundadora y directora del Grupo Ecológico Sierra Gorda, está dispuesta a dar pelea. Durante casi veinte años Pati Ruiz ha tejido un tapiz de conservación en el centro de México, con la gente y los mercados como la urdimbre y trama de su tejido. Valorando Naturaleza le hace una visita a esta indomable luchadora.

En español, cuando alguien se enseña a hacer algo —cocinar, sembrar, componer autos— se dice que aprendieron “líricamente”. En inglés la palabra lyrically no sólo implica competencia sino también gracia. Así, tanto en español como en inglés, Pati Ruiz Corzo se ha involucrado líricamente en la ecología y la conservación.

Violinista de cámara de una familia trabajadora de clase media alta en México, Ruiz explica: “Llevé una vida en extremo urbana, pero aunque en la ciudad estaba llena de ánimos, carecía de dirección”. Ruiz dice que halló su camino cuando hace más de veinte años se mudó con su familia al rancho donde nació su esposo en las montañas de la Sierra Gorda, en el centro de México. En estas montañas, Ruiz comenzó a educar en casa a sus dos hijos pequeños, rodeándolos de libros y música en las mañanas y en las tardes llevándolos a caminar por los bosques. Fue a través de este muy personal “regreso a la naturaleza” como dice Ruiz que descubrió y subsecuentemente desarrolló su profundo compromiso con la conservación.

Grupo Ecológico

México es uno de los países con mayor diversidad biológica en el mundo. En la Sierra Gorda, donde vive ahora Ruiz, las orquídeas florecen sobre los troncos de los robles de un bosque de niebla mientras que en la ladera opuesta altos pinos extienden sus ramas al cielo. Colibríes de un brillante color rosado se agitan en el aire cerca de halcones cola roja, mariposas monarca y la última población en el mundo de guacamayas verdes. Abundan las especies endémicas y los jaguares aún rondan en las cumbres de las montañas. Desafortunadamente, a pesar de su asombrosa diversidad, la Sierra Gorda exhibe también los legados del México moderno: básicamente, la degradación ambiental y la pobreza.

Se piensa que México tiene una de las peores tasas de deforestación en el mundo. Cada año se talan más de un millón de hectáreas (la mayoría de forma ilegal) y, de acuerdo con Ruiz, ya comienzan a sentirse los efectos de la destrucción. “El agua no podría estar más sucia, la tierra es mala y los depósitos acuíferos se están secando”.

Preocupada por la deforestación y la pérdida de biodiversidad en la Sierra Gorda, en 1987 Ruiz y su esposo, Roberto Pedraza Muñoz, fundaron junto con unos amigos una organización sin fines de lucro llamada Grupo Ecológico. El grupo se dio a la tarea de lanzar una campaña de educación ambiental, abogando en la comunidad por el reciclaje y la reforestación a través de proyectos comunitarios, programas educativos y transmisiones semanales de radio. Sus esfuerzos se vieron recompensados y, en 1997, Grupo Ecológico, encabezado por Ruiz, consiguió que el gobierno mexicano estableciera la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda. Hoy en día, la reserva abarca más de 400,000 hectáreas de terreno montañoso —desde faldas áridas hasta cumbres boscosas— y alberga dentro de sus límites a cerca de 100,000 personas.

Ruiz siempre ha estado muy consciente de que el destino de los cientos de miles de hectáreas de la reserva dependen, sin duda, del destino de sus 100,000 habitantes. De acuerdo con esto, Ruiz dice que intenta constantemente tejer un “tapiz de soluciones” que promuevan la conservación a la vez que combatan la pobreza rural que la rodea. Debido a la inclinación de las montañas, a la lejanía de los centros de comercio y a la carencia de zonas de pastizaje adecuadas, la Sierra Gorda no es apta para formas tradicionales de agricultura y ganadería. Debido a que las formas tradicionales requieren que las laderas sean taladas para el cultivo o el pastizaje, no resultan buenas para la conservación de la biodiversidad. Ruiz afirma que de dos cosas malas se puede hacer algo bueno. “Debemos establecer aquí un sistema económico de conservación”, dice.

Al volver rentable para los habitantes de la reserva el cambio de extracción de los recursos a la conservación de éstos, Ruiz espera demostrar que el progreso de la gente y del medio ambiente no son incompatibles en la Sierra Gorda. En la actualidad, Grupo Ecológico ha involucrado a 20,000 personas de la zona en distintos proyectos de conservación. Varias comunidades cuentan ahora con carpinterías, proyectos de apicultura, talleres de cerámica e instalaciones para la producción y la deshidratación de flores. En uno de los valles más hermosos y más pobres se han construido agradables cabañas para el ecoturismo y se han diseñado libros de ornitología, programado rutas de paseo y dado licencias a los habitantes del lugar para que funjan como guías de turistas. A lo largo de la reserva se han sembrado miles de pequeñas plantaciones de árboles y se espera que este año se den las primeras cosechas sustentables. La esperanza es que, conforme los actuales dueños de las plantaciones comiencen a cosechar los frutos de su esfuerzo, otros miembros de la comunidad también querrán participar en la siembra de árboles. Parece ser que en la Sierra Gorda el éxito en la conservación del ambiente proporcionará pronto un excelente ciclo de retroalimentación.

En reconocimiento a esta labor, el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMMA) financió en 2000 un ambicioso proyecto de siete años (2001-2007) para expandir las actividades de conservación de la biodiversidad en la reserva. Grupo Ecológico utilizó estos 6.7 millones como apalancamiento financiero para conseguir el financiamiento de otros grupos locales e internacionales, y logró generar un fondo total para su proyecto de 31 millones de dólares.

 

Una economía de la conservación


A la mitad de los siete años del proyecto, Ruiz dice que Grupo Ecológico, en conjunto con un grupo de silvicultura creado a partir de éste, Bosque Sustentable A.C., y el gobierno mexicano, busca cada vez más establecer fuentes de ingreso con el fin de pagarles a los habitantes de la reserva para que sirvan como protectores de estos servicios ambientales. Los pagos por servicios ambientales como la filtración del agua, el control de la cantidad de agua y la captura de carbono, dice Ruiz, son “algo que le debemos a la gente de la zona por su disposición a la hora de proteger la tierra. Es una compensación que debió hacerse hace ya mucho tiempo”.

La Sierra Gorda es un área importante para la recarga de acuíferos en un país que necesita de más agua. Fuertes tormentas veraniegas, conocidas como temporales, entran desde el Golfo de México y bañan las cumbres de las montañas. El agua se filtra a través de las rocas porosas de la región y luego se acumula en grutas subterráneas que actúan como cisternas naturales. Aunque todavía no se sabe a ciencia cierta cuál es la función precisa que desempeña la cobertura forestal en este ciclo hidrológico, se piensa que los bosques saludables facilitan la recarga de los mantos acuíferos al volver más permeable el suelo, previenen la erosión del suelo y las inundaciones locales al formar barreras naturales, y filtran las impurezas del agua por medio de complejas estructuras de raíces. 

Con base en su importancia hidrológica, la Comisión Forestal Mexicana (CONAFOR) comenzó a pagar hace dos años por la protección de bosques en la Sierra Gorda. Específicamente, el programa de Pagos por Servicios Ambientales Hidrológicos les paga a los residentes en zonas de gran altitud entre 30 y 40 dólares por hectárea, por año, si firman un acuerdo donde se comprometen a no talar los bosques que se encuentran en sus propiedades (haga clic aquí para más información sobre este programa). “Los pagos de la CONAFOR fueron una importante pieza del rompecabezas porque antes de este programa no contábamos con ningún tipo de compensación económica para los propietarios de tierras en áreas de viejo crecimiento”, dice Ruiz.

Los participantes en el programa de la CONAFOR, que en la actualidad protege 13,000 hectáreas de terreno en la reserva y otorga dinero a 45 habitantes locales, dicen que ha sido un éxito en la Sierra Gorda, donde los esfuerzos de monitoreo de Grupo Ecológico aseguran que se den las actividades de conservación. El gobierno federal también se muestra optimista ante los resultados y dice que planea expandir el programa de la CONAFOR para que incluya también pagos por captura de carbono y conservación de la biodiversidad.

Es importante señalar que Ruiz dice que quiere desarrollar un sistema de financiamiento privado para los servicios ambientales que brinda el ecosistema de la Sierra Gorda, de manera que la conservación sea sustentable aun después de que se haya agotado el dinero del FMMA o del gobierno. Para este fin, Grupo Ecológico se ha dado a la tarea de recolectar evidencia científica sobre la importancia hidrológica de la reserva para presentarla a los usuarios del agua ubicados cuenca abajo, como las compañías hidroeléctricas y las empresas mineras. Actualmente, doce estaciones hidrológicas miden la precipitación, la filtración y el flujo de agua en los diferentes ecosistemas de la Sierra Gorda: bosques de niebla, bosques de pino, selva. Algunos científicos de la Universidad de Querétaro planean usar los datos, en conjunto con información sobre la cubierta forestal y el tipo de suelo, para crear un modelo de los procesos hidrológicos de la reserva. “Quizá en tres años contemos con los suficientes datos históricos para convencer a las empresas de que paguen para conservar nuestras cuencas”, dice Ruiz. Luego suspira y toma un sorbo de té, como para sugerir que tomará tiempo escalar esta cuesta.

Por fortuna, los caminos difíciles rara vez detienen a Ruiz. Después de siete años de intentar vender un proyecto de captura de carbono en la Sierra Gorda a compradores potenciales del Protocolo de Kioto interesados en invertir en el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), Ruiz dice que ha descubierto una nueva forma de conseguir lo que quiere: “Finalmente me di cuenta de que las reglas del MDL son demasiado estrictas y demasiado caras para la gente de la Sierra Gorda, así que ahora vamos a vender nuestro carbono en el mercado voluntario”.  Y su primer trato con este mercado, señala Ruiz, está en la fase final de negociaciones.

Ruiz también se muestra optimista sobre la posibilidad de vender créditos de biodiversidad a compradores en busca de compensar en otros lados el impacto del desarrollo. El programa de la CONAFOR, observa Ruiz, le ha mostrado la importancia de estos créditos a la hora de conseguir la participación de más gente en la economía de conservación. “Hay un hombre que lleva años viniendo a quejarse de un jaguar que mata a sus vacas y borregos; ahora podemos pagarle lo que le  debemos por todos estos años, por todas esas vacas. Ahora puede unírsenos”.


Ganando terreno

Al conducir a través de la Sierra Gorda, uno puede darse cuenta de que todavía no se gana la batalla de Ruiz por conseguir un desarrollo sustentable y una economía de conservación. Un tiradero de basura arde en una ladera a las afueras de la pequeña ciudad de Pinal de Amoles, franjas de tierra yacen desnudas de árboles y animales flacos pastan en los caminos al lado de burros salvajes. Cualquier persona en la reserva interesada en la conservación admite que aún hay gente en ella a la que esto no le interesa y, a pesar de los generosos subsidios del gobierno mexicano y de las ONGs internacionales, no existe el dinero suficiente para compensar a los que sí están interesados. Pero por supuesto, en la práctica, las labores de conservación no son ubicuas y ordenadas. Y donde hay progreso en la Sierra Gorda, éste es real y absoluto.

“Veo la sustentabilidad como una sinfonía”, dice Ruiz. “Cuando veo el calendario de programas que hay en la Sierra Gorda, veo una hoja de música con muchas voces y muchos instrumentos diferentes. Tratar de dirigirlos a todos de forma entonada y acompasada es muy, muy difícil, pero es un trabajo gratificante”.

 

Amanda Hawn es editora asistente del Ecosystem Marketplace y puede ser contactada en athawn@alumni.princeton.edu.

Artículo traducido del Ecosystem Marketplace.

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