Disney y el bosque de ensueño

Photo credits: Conservación Internacional Perú
20 de mayo de 2013 Ramiro Escobar

Una extensión boscosa en el Perú se beneficia con un proyecto en el cual invierte Walt Disney Company. Los acuerdos de conservación con cafetaleros no son una fantasía.

Casi en la cima del monte frondoso, poblado de ingentes árboles y envuelto en una dulce neblina, Segundo Guevara nos recibe en una suerte de cabañita de madera, clavada en las laderas y rodeada de numerosas plantas de café. Se puede percibir el color rojo de los frutos, su olor característico y embriagante, que en este paraje resulta aun más exótico.

“Ahora me va bastante mejor”, nos cuenta –mientras agarra una de las plantas– este agricultor que hace unos años migró desde la sierra de la vecina región de Cajamarca a este ecosistema bendito. Migró sin saber que formaba parte del espectacular Bosque de Protección de Alto Mayo (BPAM), ubicado en la zona noreste de la Amazonía peruana.

 

El hacha de la deforestación

Al decir que su situación ha mejorado, Segundo Guevara nos ayuda a jalar el hilo de una historia que comenzó hacia 2008 y que, entre la pasión ambiental y el esfuerzo, lo involucra a él, a 419 personas más (con sus respectivas familias), a Walt Disney Company y a la ONG ambientalista Conservation International (CI). No es una fantasía animada sino una aventura sumamente real.

Fue en ese año que CI y la legendaria Disney –propietaria de parques temáticos, productoras de cine, cruceros y otros negocios– convinieron en llevar adelante un proyecto que tuviera un doble propósito: conservar un área protegida vulnerable, en algún lugar del planeta, y a la vez disminuir el impacto ecológico de la compañía que actúa en varios rubros.

La ONG ambientalista identificó 2 países: la República Democrática del Congo, en el África Subsahariana, y Perú, en América del Sur. En este último país, el escenario elegido fue el Bosque de Protección de Alto Mayo: según Luis Espinel, director de CI en tierras peruanas, “se trata del área protegida más vulnerada en los últimos años”.

Este maravilloso bosque, en efecto, sufrió desde hace décadas el hacha incontrolable de la deforestación. Cientos de familias de la sierra migraron a él en busca del terreno cultivable prometido, e invadieron esta floresta que hoy, a pesar de los estragos, todavía parece tocar el cielo con su inmenso manto verde.

Ylder Cotrina Alto Mayo, Conservación Internacional 

Para cultivar el terreno, tumbaron árboles a mansalva durante años. De acuerdo con Conservation International, entre 1987 (año de creación del BPAM) y 2013, cerca de 3 mil familias invadieron esta área protegida de 182,000 hectáreas para sembrar café. En vez de aprovechar los servicios ambientales comenzaron a agotar el ecosistema.

El Estado Peruano, sumido en sucesivas crisis económicas y de seguridad, también descuidó el BPAM, lo cual provocó, naturalmente, la escasez de guardaparques. Asimismo, se permitió que la agricultura migratoria o la actividad maderera penetraran en el interior y en la zona de amortiguamiento.

Como la represión no iba a solucionar el problema, la salida fue suscribir ‘Acuerdos de Conservación’ (AC) con los cafetaleros para persuadirlos de practicar la agroecología. Según el ingeniero Máximo Arcos, quien asesora el proyecto, “se les da instrumentos para que sigan cultivando, pero sin vulnerar el Bosque de Alto Mayo”.

 

Acordar y conservar

Fue así como se inició la cadena de acontecimientos que une al agricutor cajamarquino Segundo Guevara con el emporio fundado por Walt Disney. El curtido cafetalero, uno de los tantos campesinos que migraron hacia esta zona llamada ‘selva alta’ (porque se ubica entre montes de relativa altura), ha experimentado una suerte de conversión ambiental.

Como explica el ingeniero Arcos, a cada agricultor se le ofrece un ‘paquete técnico’ a fin de que siga sembrando café, solo que en clave distinta. Por ejemplo, se le asesora para que corte la planta en ciertos momentos, con lo que no se agota tan pronto, o se le capacita para que siembre el café en alianza con especies arbóreas nativas. El paquete, además, desalienta explícitamente el uso de herbicidas.

Esta serie de medidas incluidas en el Acuerdo de Conservación benefician no sólo al ecosistema sino también al propio agricultor: ya no tiene que desplazarse de un sitio a otro, cargando con toda la familia, para seguir tumbando bosques.

De hecho, como anota Luis Espinel, quienes han firmado los AC “han evitado, por ejemplo, que los impacte la roya del café, una plaga muy perniciosa”. Dicha plaga, ocasionada por un hongo de nombre científico Hemileia vastatrix, afectó, este año, al 20% de la producción total del café peruano, según el Ministerio de Agricultura.

En el año 2009, Disney donó 3.5 millones de dólares para que Conservation International, con autorización de SERNANP (Servicio Nacional de Áreas Protegidas del Perú), firmara los Acuerdos de Conservación con las familias que incursionaron ilegalmente en el Bosque de Protección de Alto Mayo. El resultado ha sido, hasta la fecha, feliz para todos, y eso se nota en el rostro de Guevara, que ahora luce sereno con la luz del atardecer.

Él y 419 campesinos más, que tienen una familia detrás, han logrado sortear las plagas y han mejorado su producción. Con ayuda del ‘paquete técnico’, cada uno de ellos puede producir hasta 50 quintales por hectárea. Un quintal equivale a 46 kilogramos y luego puede ser vendido a 100 dólares; puede llegar, incluso, a la cadena de exportación.

Gracias a este proyecto, los cafetaleros que trabajan en este bosque providencial han dejado de cortar árboles con la intensidad de años anteriores. Consecuentemente, y en sintonía con el programa REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación), el año pasado CI registró 2.5 toneladas métricas de carbono no emitido en el mercado voluntario de reducción de carbono.

 

Carbono veraz

La auditoría de este emprendimiento corrió a cargo de dos de las instituciones más prestigiosas del mundo en esta materia: el Estándar de Verificación de Carbono (VCS, por sus siglas en inglés) y Clima, Comunidad y Biodiversidad (CCB). Entre ambas verificaron que el BPAM había disminuido su perversa cuota de carbono.

CCB también mide los efectos en las comunidades (nativas, por ejemplo) y en las especies animales y vegetales. Al aprobar el funcionamiento de los Acuerdos de Conservación en esta área protegida, CCB confirma los efectos beneficiosos para las 420 especies de aves o las 50 especies de mamíferos (entre la últimas se encuentra el ‘mono choro de cola amarilla’, primate emblemático del Bosque de Protección de Alto Mayo).

Disney recibió 400 mil toneladas de carbono no emitido por parte de Conservation International –de las 2.5 millones de toneladas que la ONG logró registrar–, con lo cual está logrando reducir significativamente su huella ecológica. Además, este proyecto concertado con CI se complementa con otras iniciativas ambientales de Disney como, por ejemplo, la inversión para recuperar bosques perdidos por los feroces incendios forestales suscitados en California en 2009.

Según precisa Espinel, esa cantidad de toneladas de carbono no emitido a la atmósfera se alcanzó en 3 años –del 2009 al 2012– y equivale a retirar 500,000 autos de las carreteras por un año.

Buscando todas las esquinas de la ecuación, mientras seguimos conversando con el cafetalero Segundo Guevara en la ladera de un cerro y una ‘tangara de bufanda amarilla’ pasa revoloteando, encontramos un cable que va desde estos bosques hasta el mar. Disney tiene un negocio de cruceros que, por ejemplo, surcan el Mar Mediterráneo saliendo del puerto de Barcelona.

El rubro de los cruceros genera emisiones importantes, que deben ser compensadas, y la empresa lo sabe. Por eso ha promovido proyectos que mitiguen la profusión de gases invernadero en otros lados. La deforestación es, en ese horizonte, un frente clave, pues genera más emisiones que el transporte, sobre todo si está vinculada con la ganadería. Todo el proyecto monitoreado por CI y financiado por Disney está evitando que se tumben más árboles y, a la vez, que el pastoreo de vacunos afecte a este ecosistema amazónico.

CI sostiene que Disney está evaluando la proyección de vídeos sobre el BPAM en sus cruceros, de modo que sean parte de su línea de compromisos ambientales. Además, para el período 2012-2015, ya se acordó una nueva donación de 3.5 millones de dólares, que serán destinados a mantener los Acuerdos de Conservación,

 

Cuidar el verde y el agua

¿Qué más se puede hacer por este maravilloso lugar? Son casi las 5 de la tarde y, antes de que la niebla lo impida, uno puede estirar la vista hasta los confines del bosque. Todavía quedan decenas de familias que no saben lo que hacen y siguen tumbando árboles para cultivar café. Incluso destruyen diversas especies de orquídeas, otra riqueza de la zona.

Para mejorar el manejo del Bosque de Protección de Alto Mayo, Conservation International ha suscrito con el SERNANP un contrato que permite el empleo de guardaparques. Antes trabajaban apenas 10, y ahora hay 26 guardaparques. 16 de ellos son remunerados por el proyecto que viene de Disney.

Se trata de algo esencial. Para subir a ver las plantas de Segundo Guevara, tuvimos que atravesar un camino cubierto de barro debido a las continuas lluvias, y sortear también muchos árboles que algún campesino inconsciente, o quizás un traficante de tierras, demolió para sembrar café. El espectáculo era de espanto y desesperanza: cientos de troncos tirados, secos, amontonados con dolor, a la espera de que alguien los quemara sin ningún remordimiento. Además de los campesinos que han firmado los Acuerdos de Conservación, los guardaparques podrían ayudar a mitigar esa avanzada depredadora.

Tal vez no sea el escenario perfecto (lo ideal hubiera sido que el BPAM sea protegido desde su creación), pero al menos hoy se ha logrado disipar en algo la niebla fatal que antes flotaba sobre el futuro de este bosque que no solamente es muy bello sino también muy útil. Como recuerda Espinel, “surte de agua a numerosas comunidades que viven en las cercanías”.

Allá abajo, en los confines de este ecosistema, viven por lo menos 200 mil personas que tienen acá su fuente vital. El agua corre, fluye, abastece casas y sembríos porque los árboles lo permiten. En las venas de esta tierra, el recurso hídrico se va acumulando con cada lluvia torrencial, y corre por los surcos del cerro frondoso para llegar a surtir todo el ecosistema. Cortar los árboles es, por eso, como cercenar las extremidades del bosque y, de paso, privar de una vida más plena a quienes, acaso sin saberlo, dependen de él en el sufrido día a día.

 

Disipar la niebla

Los árboles también le dan hogar a por lo menos 420 especies de aves, 50 de mamíferos –como el oso de anteojos andino– y un enorme número de anfibios, reptiles e insectos. El hombre y el animal, como en las películas de Disney, deberían jugar responsablemente para proteger este recurso, tan hermoso como necesario.

Segundo Guevara parece haberlo descubierto y sigue explicándonos con afán cómo cambió su vida cuando transformó su forma de cultivar. La niebla, de pronto, abre un claro: el sol asoma. Más pájaros, de especies que ya no distinguimos, cruzan el cielo antes cerrado. Abajo todavía están los troncos tirados, pero acá se respira el olor del café y, quizás, el olor de la esperanza.

 

Ramiro Escobar es periodista especializado en temas ambientales e internacionales, además de profesor universitario. Escribe columnas y reportajes en el diario La República (Perú). Colabora también en el diario El País (España), el portal O'eco amazonía de Brasil y la revista PODER de Perú. Se le puede contactar en meditamundo@gmail.com.

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