El mundo se acabará este verano — de acuerdo a Hollywood.

19 de junio de 2014 Ann Espuelas

Al interpretar nuestra respuesta al cambio climático, Hollywood ha hecho una enorme y errónea — suposición. Las visiones apocalípticas presentadas por las películas - paisajes sin fin, poblados con enormes esqueletos de nuestras SUVs y camionetas, montones de nuestra basura colectiva ardiendo bajo un brutal sol, ningún árbol a la redonda, sobrevivientes con ojos desorbitados buscando desesperadamente comida ya vieja - presupone el fracaso colectivo de la humanidad al lidiar con la emergencia del cambio climático que ya está encima de nosotros.

Como de costumbre, el verano en el cine promete a una fuerte dosis del post-apocalipto, desde una lagartija radioactiva (Godzilla) a capas de hielo derritiéndose lo que libera un misterioso líquido rojo (Blood Glacier), a una Tierra cubierta por nieve (Snowpiercer). Paralelamente estas interpretaciones distópicas han adquirido un lugar ya habitual enseguida a parrilladas, luciérnagas y bloqueador en la definición de la temporada.

 

En esta cadena de películas distópicas, somos bombardeados con una sensación de desesperación e ineficacia en lo que se refiere al cambio climático, lo que es en su escénica, auto-actualización. Claro, sólo es la cartelera de cine del verano, pero ¿cuántas veces podemos ver distraídamente a estos escenarios sombríos, luego salir del cine, a plena luz del día de una tarde normal de 2014, y proclamar la “lucha contra el cambio climático”?

Cuando todo cambia, Hollywood nos dice, que vamos a fracasar.

 

Las oscuras interpretaciones de Hollywood ofrecen un poco más que un escape del calor - y un escape de la realidad que, por más dura que sea de digerir, podemos tomar acciones que pueden afectar el cambio climático - que los Juegos del Hambre no tiene que ser necesariamente nuestro futuro. 

 

Pero tal como célebremente fue descrita, esta acción es inconveniente. Y  complicada: una visión orientada a la solución de lidiar con el cambio climático que es más basto y más dramático de lo que hasta ahora se nos ha hecho relativamente fácil. 

 

En lugar de distopia, imagina una película en la cual el Presidente de los Estados Unidos  y un Congreso, lleno de gente racional y pensante, decide hacer una profunda transformación de la sociedad. (Como el Presidente Snow en los Juegos del Hambre, ¡Sólo que al revés!) ¿Que tal si, por ejemplo, el paisaje de la película mostró un futuro en el cual toda la comida es sustentable y la biodiversidad es valorada, no amenazada?

 

¿Qué tal si Hollywood contara grandes historias con protagonistas basados en héroes de la vida real como Almir Surui y Tashka Yawanawa, líderes indígenas en la Amazonía brasileña? Por años, estos líderes han estado buscando socios para desarrollar actividades para sus comunidades sin causar daño a su cultura ni al ambiente. ¿Qué tal si Hollywood mostrara un futuro en el cual los gobiernos de Brasil y los Estados Unidos, ya que reconocieron el gran valor del conocimiento y gestión de estas comunidadeshacia los “pulmones del planeta”, son socios de los indígenas para proteger un bosque que es dinámico y que vivirá muchos años?

¿Qué tal si pudiéramos imaginar un futuro en el que grandes compañías siguieran el ejemplo en apoyar a estas comunidades, tal como lo está haciendo ahora la Fundación IKEA?

 

Tales interpretaciones no necesitan ser tan descabelladas. Hay que recordar que cuando John F. Kennedy declaró la meta de poner al hombre en la luna para finales de la década, muy poca de la tecnología requerida para alcanzar esa meta había sido inventada. Lo que él hizo para impulsar su idea fue activar a un país para enfocarse y organizar a una generación completa para visualizar, investigar, creer y alcanzar una meta histórica. 

 

Lidiar con el cambio climático requiere un cambio completo de nuestra conciencia cultura colectiva, y la tarea parece especialmente hecha para la gran maquinaria comunicativa que es Hollywood. Su poder y relevancia trasciende los Estados Unidos; las películas pueden impactar las decisiones y actitudes de no sólo los países industrializados sino también de los países en desarrollo, donde la gente puede tener poca o nada de consciencia del impacto del cambio climático en sus vidas. Definitivamente necesitaremos desarrollar nuevas tecnologías para reducir las emisiones industriales, pero también podemos alcanzar reducciones inmediatas ahora apoyando compañías como Unilever y Nestlé, las cuales parecen estar haciendo honestos esfuerzos por abastecerse de productos sustentables.

 

Los paradigmas nacionales si cambian. Por ejemplo, por décadas las campañas tabacaleras nos mintieron. Fumábamos. Nuestros héroes fumaban. Fumar - y el poder de las compañías tabacaleras - era parte de nuestro país. Parecía impensable que tuviéramos que dejar de fumar, o que Big Tobacco caería. Aún así, mucha gente murió, y la consciencia nacional cambió. Un nuevo paradigma nació.

 

¿Podremos quitar la vista de las oscuras distopias de las pantallas este verano - tan convincente como una escena de un accidente automovilístico - e imagina una diferente pero más difícil manera de obtener el futuro? En tal cambio de paradigma, las cosas que parecen tan lejanas a nuestra vida diaria y francamente imposibles - como salvar a la Amazonía de la destrucción - serán parte de nuestra misión, parte de nuestra estructura. Dejaremos el pesimismo fatalista (tan raramente tentador como es), la misma manera que dejamos los cigarros. Enfrentaremos el cambio climático y lucharemos aquellos que viven en la codicia del ahora y están contando con la visión del futuro sin esperanza y nihilista de Hollywood, quien sin ninguna pena comercia el futuro por el presente. 

 

Es fácil limitar nuestra visión del futuro a uno creado por nuestro miedo de lo que pueda venir, tal como Hollywood lo interpreta, y nuestra vergüenza de lo que hemos hecho mal. ¿Que tal si estuviéramos inspirados y envalentonados  - y transformados - por lo que podríamos hacer bien?

 

Para mi suena como algo muy taquillero.

 

Ann Espuelas escribe para Forest Trends. Síguela en Twitter.

Artículo traducido por Valorando Naturaleza.

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