Los fondos de agua pueden promover la equidad de género, pero no sin darles un empujón

17 de diciembre de 2012 Alice Kenny

Varios estudios han mostrado que la equidad de género no es solamente buena para las mujeres, sino que también promueve el desarrollo económico en general. La equidad también puede ser un beneficio colateral de los mecanismos de financiamiento que promueven la preservación de las cuencas hidrológicas, pero sólo es así si dichos programas son realmente meritocráticos y sólo si las mujeres son capaces de atraer las oportunidades para sí.

El suelo volcánico cubre el páramo, la alta planicie sin árboles a lo largo del norte de los Andes del Ecuador. Esta tierra negra actúa como una esponja que absorbe la lluvia y el deshielo de los glaciares y después lo libera a través de maltratados canales de irrigación a la sedienta tierra de abajo.

Los hombres poseen la tierra de arriba, ellos poseen la tierra de abajo. Y por cientos de años han batallado por su porción de agua.

Pero las batallas se están transformando en cooperación con la llegada de los fondos de agua, mecanismos innovadores de financiamiento utilizados por los usuarios de agua cuenca abajo para promover la conservación de la tierra cuenca arriba. Dichos fondos, y programas similares que utilizan los mercados y mecanismos de mercado para promover el uso sostenible de la tierra, presentan oportunidades para que mujeres de escasos recursos participen en las actividades económicas que por mucho tiempo han sido exclusivamente para hombres.

“La noción de un fondo de agua es que cualquiera que contribuya se convierte en miembro, así que cualquiera (hombre o mujer) tiene voz y voto”, dice Susan Poats, una antropóloga trabajando para crear un fondo de agua en la cuenca del río El Ángel cerca de la frontera norte de Ecuador y Colombia.

“La noción parece simple”, añade, sin embargo, convertirla en realidad no lo ha sido.

 

Tracción en el extranjero

Abuelas y madres cargando a sus hijas han caminado kilómetros en Ecuador y otras naciones desfavorecidas para acarrear agua, cocinar, lavar y regar sus plantas y cuidar de sus animales. Sin embargo, debido a que las mujeres raramente poseen un título de la tierra donde viven, generalmente son excluidas de foros donde se toman decisiones en torno a la asignación y manejo del agua.

Esto se ha convertido en una preocupación clave entre los grupos ambientalistas, ha ocupado los encabezados de periódicos internacionales y se ha convertido en el foco de varios paneles de líderes globales. Sin embargo, convertir las preocupaciones internacionales a un cambio en campo, ha resultado difícil.

“El mundo del agua es masculino” aseveró Marta Echavarria a líderes globales de los sectores público y privado en el panel “Niñas, mujeres y agua” de la Iniciativa Global Clinton que se llevó a cabo en la ciudad de Nueva York en septiembre pasado.  Echavarria es asociada de Poats en Ecuador y fundadora de EcoDecisión, una consultoría enfocada a asuntos de medio ambiente y negocios.

En mayo, Poats hizo eco de un tema similar cuando ella habló en el Congreso de la Asociación de Estudios de América Latina que se llevó a cabo en San Francisco.

“Un elemento fundamental que debe de ser incluido en la gobernanza del agua es quién participa y quién es excluido” externó a la audiencia, “quiénes son los ganadores y quién los perdedores”

 

Oferta, control y cultura

Valerie Issumo dice que la cuestión de los ganadores y perdedores generalmente es más cultural que estructural. Una exitosa comerciante de cocoa de herencia mixta belga y congolesa, creció en ambas culturas y fue una de las primeras en hacer público el amplio uso de mano de obra infantil en la industria de la cocoa en los años noventa. Issumo ve paralelismos en torno al agua hoy en día.

Así como el empleo infantil era una tradición entre los productores de cocoa, el rol que juegan las mujeres en el tema del agua también lo es.

“No es que los hombres sean machos,” dice. Es simplemente que las mujeres siempre se sienten obligadas a hacerlo, porque siempre lo han hecho.”

Ella está encabezando el Intercambio Ético de Agua, que busca promover el saneamiento del agua en ciudades alrededor del mundo en vías de desarrollo mediante el establecimiento de un precio al agua potable residual urbana. Dichos mecanismos, comenta, pueden ayudar a promover la equidad de género al premiar actividades normalmente desarrolladas por mujeres, pero afirma que los participantes a todos los niveles tendrán que entender los mecanismos y jugar limpio si es que se espera que funcionen.

 

Un lento goteo

Echavarria, que nació en Colombia y obtuvo un título en estudios ambientales en la Universidad de Brown en Rhode Island, ayudó a iniciar FONAG, el Fondo para la Protección del Agua, el primer fondo de agua exitoso enfocado en proporcionar agua potable al mismo tiempo que protege la fuente de agua. Fundado en el año 2000 en Quito, la capital de Ecuador, FONAG reúne a empresas eléctricas y organismos operadores del agua, la cervecera local Cervecería Nacional y la empresa embotelladora de agua Tesalia Springs para promover la conservación cuenca arriba. Estas organizaciones ahora contribuyen a un fondo que enseña a los habitantes cuenca arriba cómo mejorar sus prácticas ganaderas y métodos de rotación de cultivos en formas que aumenten la producción, reduzcan los vertidos y eliminen la necesidad de construir costosas plantas de tratamiento de agua.

El fondo con sede en Quito sirve como un modelo de trabajo para establecer mercados de agua entre los usuarios cuenca arriba y cuenca abajo, quienes tradicionalmente no cooperan, y con actores públicos y privados para financiar la conservación y manejo sustentable de la cuenca hidrológica. A lo largo de América Latina están surgiendo docenas de fondos similares.

El valor del muy público liderazgo de Echavarria en la arena de los fondos de agua no puede ser exagerado. Pero la diseminación en términos de acercar a mujeres locales a puestos de autoridad ha sido limitada. Casi todos los propietarios de tierras cuenca arriba, es decir los tomadores de decisiones, son hombres. Mientras tanto, el fideicomiso por sí mismo es operado predominantemente por la empresa de agua municipal. Ahí, los puestos de alto nivel, como los ingenieros sanitarios e hidrólogos, continúan estando dominados por hombres.

Las buenas noticias, dice Echavarria, es que “las mujeres están ganando terreno en todos los niveles de la sociedad en América Latina y cada día son más activas en la política”.  Sin embargo, añade, “todavía no somos participantes activas de los procesos de toma de decisiones y por ello acabamos siendo no consideradas en el mundo del agua”.

 

Dando y dando

Puede que el avance sea lento, pero las mujeres están realizando grandes progresos.  Poats ha trabajado con campesinos, autoridades locales, ONGs y otros actores en conservación comunitaria y gestión de la cuenca hidrológica del Río El Ángel en las montañas del norte de los Andes en Ecuador por casi 20 años.

Ahora, como miembro fundador de Corporación Grupo Randi Randi, una ONG sin fines de lucro cuyo nombre en kichwa se traduce como “dando y dando” (o reciprocidad), Poats está trabajando para construir en torno al éxito de FONAG. Pero en lugar de seguir el camino de FONAG de establecer un fondo de agua que promueva el agua potable, Poats está trabajando con los gobiernos locales, propietarios de la tierra y usuarios del agua para desarrollar un fondo de agua que podría ser usado para cubrir los costos de irrigación.

Poats regresó recientemente a su casa de ladrillo de dos pisos en Cumbaya, a las afueras de Quito, después de asistir a las maratónicas juntas de tres días dedicadas a esta causa.  El grupo alcanzó un progreso considerable, comenta. Están negociando con varias entidades de gobierno y preguntando a los irrigadores lo que están dispuestos a pagar para proteger la fuente de agua cuenca arriba.

También están decidiendo quién puede formar parte del fondo y es aquí en donde reside el problema.

 

Poder-poder

En teoría, los fondos de agua deberían de incluir la perspectiva de mujeres así como la de los hombres, porque es igualmente probable que beban, rieguen y mantengan las tierras en las que viven en formas que protejan, o no, su pureza. Sin embargo, en realidad, los hombres, padres, esposos y hermanos, son quienes tradicionalmente poseen los títulos de propiedad de la tierra, la cuenca hidrológica y el agua que corre en ella. Sólo un pequeño porcentaje de mujeres son consideradas “usuarias legítimas”, con un derecho directo para usar el agua.

El incluir la perspectiva de las mujeres en la creación y gestión de los fondos de agua, generalmente requiere dar la bienvenida a las mujeres en las discusiones de los fondos de agua, quienes no poseen títulos de la tierra y el agua y quienes no desempeñan roles de liderazgo en las entidades de gobierno, corporaciones y organizaciones que están negociando con los propietarios de las tierras.

“Siempre estamos tratando de identificar formas para asegurar que no estamos creando barreras para la participación de las mujeres,” dice Poats. “Pero el día a día de la asignación del agua, es todavía un mundo muy masculino”:

Hasta muy recientemente, cuestiones de equidad de género, de quién toma la decisión de cómo repartir la escasa oferta de agua, han sido relegadas a las oscuras esquinas de las conversaciones por la vida y la muerte de las batallas que las naciones desfavorecidasenfrentan en torno al robo de agua, contaminación, sequías e inundaciones. Ahora las mujeres líderes que han nacido dentro y fuera de estas naciones, incluyendo a Poats, Echavarria e Issumo, están urgiendo a los hombres a acceder a la experiencia que tienen las mujeres en materia de agua. Y están también alentando a las mujeres a llevar su experiencia al siguiente nivel al sumarse a ellas como líderes en el emergente movimiento de los fondos de agua.

“Ya sean urbanas o rurales, (las mujeres) son las que cocinan, limpian y lavan, y en todas partes del mundo desarrollado, sin importar la religión, es siempre una niña o una mujer quien tiene que ir a acarrear agua cuando no hay agua de la llave”, dice Issumo. “Los hombres pueden controlar la oferta, pero, a excepción de la agricultura, las mujeres son las que se encargan de los asuntos relacionados al agua.”

 

Alice Kenny es una autora premiada de textos científicos que contribuye regularmente al Ecosystem Marketplace.com. La puedes encontrar en alicekenny1@gmail.com.

Articulo traducido por Claudia Lechuga, Greenplus Mexico.

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