Más agua, más dinero, más democracia…

30 de enero de 2013 Alain Muñoz

El servicio comunitario de agua y saneamiento trajo grandes beneficios económicos a una comunidad rural boliviana. Vendían su cosecha de papas a un máximo de 30 centavos de dólar por kilo. Ahora venden champiñones a 100 dólares el kilo. Además, se organizaron logrando trabajar mancomunadamente. Atrajeron la cooperación de varias entidades de desarrollo públicas y privadas. Adicionalmente, hay muchos beneficios sociales. Se discuten ejemplos de organizaciones comunitarias de saneamiento en el continente.

La Villa Gualberto Villarroel, se encuentra en el departamento de Cochabamba, Bolivia. En el municipio escaseaba el agua, lo que provocaba enfermedades y hasta muertes, especialmente en la niñez.

Por esa razón, en 2006, empezó a trabajar allí una ONG que promueve la provisión comunitaria del servicio de agua y saneamiento. El diagnóstico presentado produjo más que la elección entre opciones posibles: la comunidad tomó conciencia del problema y sus consecuencias, involucrándose colectivamente.

Organizados, lograron que el municipio aporte una porción del financiamiento. La ONG “Agua para el pueblo” contribuyó con otra parte. El resto, estuvo a cargo de cada familia. Además, la búsqueda de consensos y comités de trabajo se hicieron habituales, como mecanismo de trabajo. Todo lo hacían juntos: decidir, trabajar, o rendir cuentas públicamente.

Luego decidieron utilizar las heces y el orín de los baños como abono, para un bosque de pinos cercano, donde crecían hongos. Vendían a 12 dólares el kilo de hongo, con una producción de 2.5 toneladas al año.

El siguiente paso fue buscar ayuda especializada. Con una institución crearon un vivero de pinos, para aumentar el bosque. Con otra, inocularon los hongos en los plantines del vivero,  para que broten más rápido. 

También consiguieron asesoramiento para secar mejor el hongo, y luego para crear un envase comercial. Ahora lo comercializan en una cadena de supermercados. Pero las personas de Villa Gualberto Villarroel pueden venderlo libremente, si lo desean. 

Actualmente, el bosque, con entre 80 y 82 hectareas compartidas por 4 sindicatos, produce 14 toneladas de hongo al año y lo venden a 100 dólares el kilo. La producción de hongos aumentó casi 6 veces, y el precio más de 8 veces. Tienen un estudio que proyecta, con ritmo de crecimiento progresivo, una producción de 20 toneladas por año en 2020. Contribuyeron al proyecto una ONG nacional y otra internacional. Igualmente, un centro de investigación, empresas privadas, y el sector gubernamental de Bolivia. 

La historia fue narrada emotivamente por Liboria Cayola al recibir, a nombre de su comunidad, un premio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Fundación FEMSA. Fue una de las tres Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento (OCSAS) premiadas en 2012, y la única boliviana.

Aparentemente, las iniciativas premiadas no son casos aislados. Se calcula que podría existir hasta 80.000 OCSAS en América Latina y el Caribe, según cifras de AVINA. En algunos países, casi 5 personas de cada 10 reciben agua segura de OCSAS. Otra cantidad similar la reciben de empresas del Estado, y sólo 1 de cada 10 personas tiene agua de servicios privados. La misma fuente indicó que las cifras anteriores corresponden a los casos de Bolivia, Ecuador, Paraguay y Salvador. En cambio, entre 3 y 4 de cada 10 personas son atendidas por OCSAS, en los países centro-americanos y andinos.

 

Más dinero con el agua

El impacto económico positivo de las OCSAS es inconmensurable, coinciden diversas fuentes. “Ahorran al Estado 100 dólares por cada metro cúbico de agua”, indicó el ingeniero Carlos Falconí, Subsecretario de Agua y Saneamiento del Ecuador. 

“El ingreso mensual familiar crece el 38% al mejorar el servicio de agua y saneamiento”, dijo el doctor Carlos Garza, de la Fundación FEMSA. Se refería a una experiencia de 200 familias ubicadas en la cuenca del Cutzamanalco. Esta abastece el 10% del agua que consume la ciudad de México. 

Allí se ejecutó un proyecto de mejoramiento del manejo de la cuenca, midiéndose el antes y después. El resultado fue el mencionado inicialmente: ahora reciben casi 1,4 dólar por cada uno que recibían antes.

Garza también informó que cada día se emplean 150 millones de horas en acarrear agua hasta hogares. Además, otras “120 millones de horas utilizan cada día las mujeres rurales al tener que alejarse para realizar sus necesidades fisiológicas”, indicó Kate Fogelberg, Gerente Regional de Sudamérica de Water For People. 

¿Cuánto dinero podrían obtener las familias si pudieran dedicar esas 270  millones de horas diarias a actividades económicas productivas? La pregunta muestra la magnitud de la problemática y el potencial de las OCSAS.

Quizás la muestra más relevante de la importancia económica de las OCSAS es el interés que despertó en Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía 2009. Dedicó varios años a estudiarlas, dentro del modelo de gestión de los “bienes comunes”, tales como el aire o el agua. 

Según la teoría económica ortodoxa, esos bienes están destinados a desaparecer, porque al ser de todos, no son de nadie. Es decir, nadie los protege ni administra eficientemente, porque no son su propiedad exclusiva. 

 

Más democracia con el agua

A la importancia económica de las OCSAS, hay que añadirle su importancia social, coincidieron diversos especialistas. Las OCSAS ya atienden a 40 millones de habitantes en el continente, y tienen capacidad para atender a 18 millones más, según cifras del BID. 

“Son 40 millones de población organizada, que ya han demostrado que pueden trabajar juntos por el bien común y tener éxito”, remarcó el doctor Garza. “Son el germen de una mejora social”, dijeron funcionarios presentes para entregar los premios del BID.

Las OCSAS se asientan en la decisión conjunta de vecinos o comunarios, que se organizan para trabajar mancomunada y transparentemente. Es una respuesta comunitaria para dotarse a sí mismos los servicios que no les provee ni los Estados, ni las empresas privadas, explicó AVINA.

“No solamente proveen servicios esenciales de acceso al agua”, afirmó Ostrom en una publicación divulgativa de las OCSAS que gustosamente prologó. En su opinión, ayudan a lograr el auto-gobierno local, lo que después puede aplicarse para resolver otros problemas públicos. 

En otro aspecto, por primera vez en la historia, la Corte Suprema de Justicia de la Argentina, se declaró competente en daño ambiental colectivo. Ante demanda de vecinos, la sentencia declaró responsables a los gobiernos de la Nación, la Provincia, y la Ciudad de Buenos Aires. Además, estableció que los 3 gobiernos debían recomponer la cuenca, bajo vigilancia de OCSAS. 

En opinión experta, es un caso de provisión de agua, aplicando adecuada y perseverantemente sistemas democráticos. El programa obligatorio de la sentencia establece la extensión del servicio de agua potable a toda la cuenca, al igual que un plan de mejoras de viviendas. Así se disminuye el riesgo sanitario y se crea fuentes de trabajo, simultáneamente. 

En el control del cumplimiento de la sentencia, la Corte institucionalizó participación fuerte de OCSAS, la ciudadanía, y el Defensor del Pueblo. Más de un millón de habitantes de la cuenca ya recibe agua con la misma calidad que la del barrio más rico de Buenos Aires, por el avance en el cumplimiento de la sentencia.

El caso fue descrito en la publicación que Ostrom prologó, y sucedió en la cuenca Matanza-Riachuelo, de Buenos Aires. Estaba afectada por desechos de 20.000 industrias y cloacas de 2 millones de habitantes.

 

¿Cómo se ven a sí mismas las OCSAS?

“Somos actores en la primera línea ante los riesgos, cambio climático, ordenamiento territorial, reforestación, manejo de cuencas, salud, educación”, definió Rolando Marín, que preside la “Confederación Latinoamericana de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento – CLOCSAS”.

“No hemos llegado ni al 40% del potencial de las OCSAS”, agregó Marín. “Tenemos posibilidades de llegar a producir hidroelectricidad, embotellar agua, desarrollar ecoturismo, o usos múltiples del agua”, mencionó. 

“Pero siempre con una visión social, comunitaria, solidaria. En las OCSAS es muy importante la reciprocidad, así como el respeto hacia las personas y la naturaleza”, enfatizó. “Muchas veces las OCSAS no cobran a quien no puede pagar el servicio, por enfermedad, vejez, u otras causas”, ejemplificó.

“Tampoco los dirigentes suelen cobrar por su trabajo”, agregó Marín. “Normalmente no tienen sueldo. Apenas gastos de transporte, hospedaje y alimentación, cuando tienen que viajar, para hacer gestiones”, precisó. 

Lo más llamativo es la responsabilización pública, o rendición pública de cuentas. “Los dirigentes no deciden: informan”, sentenció Marín. Luego,  la asamblea comunal toma una decisión informada y encarga la ejecución a los dirigentes. Estos deben volver a informar a la comunidad, una vez ejecutado. Y no sólo en los aspectos económicos, sino también en los técnicos, políticos y sociales.

Sin embargo, “trabajamos en condiciones rudimentarias. Necesitamos mayor capacitación y visibilidad”, reconoció Marín. El primero es la ausencia de marcos legales favorables para las OCSAS en los Estados. El segundo es la poca capacidad de asociarse entre ellas, llamada asociatividad. 

El tercer problema es las dificultades para obtener financiamiento. Generalmente, las OCSAS no son consideradas sujeto de crédito en el sistema financiero convencional. Eso, a pesar de tener moras muy inferiores al promedio. Finalmente, también les hace falta capacitación técnica y administrativa. 

Una alianza de 7 instituciones, 2 de ellas internacionales y 5 nacionales, estudiaron los principales problemas de las OCSAS. El estudio concluyó en un programa de fortalecimiento de capacidades para OCSAS, al que se accederá gratuitamente por internet. 

 

Alain Muñoz se basa en Santa Cruz, Bolivia y trabaja para ECOcom en el área de Comunicación para el Desarrollo Sostenible. Es miembro de Articulación Regional Amazónica (ARA) y de la Plataforma Climática Latinoamericana. Lo puede contactar a: alainmunoz@hotmail.com.

 

 
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