Una estrategia digna de VER

30 de enero de 2013 Roberto León Gómez Charry

El desarrollo de un mecanismo de mercado que, a través de la compra y venta de VERs (reducciones de emisiones verificadas) provenientes de proyectos de carbono forestal en Colombia, promueva la mitigación voluntaria de emisiones de GEI en Colombia es una oportunidad única para generar recursos a partir de la conservación de la biodiversidad del país andino. Es también una propuesta innovadora con un alto potencial de replicación en el continente. El autor describe como los ingredientes de este mercado se han ido preparando en los últimos años.

Como una buena parte de los países latinoamericanos ubicados en regiones tropicales y aún subtropicales, Colombia es un país altamente biodiverso, natural y culturalmente, con una riqueza de paisajes, ecosistemas y especies que, a pesar del consabido discurso de la riqueza y las potenciales oportunidades que su conservación y su uso sostenible deberían generar para el país, hasta ahora no le han representado mucho más que unos grandes esfuerzos para lograr su conservación. Las tan manidas oportunidades no se han concretado, muy posiblemente por un problema de entendimiento de la sociedad colombiana que no ha sido capaz de transformar la biodiversidad en una verdadera fuente de riqueza y mejor calidad de vida para sus miembros. En comparación, otros países de la región (Costa Rica, Perú, Ecuador o Brasil) sí parecen haber ido encontrando formas propias de lograr esa transformación, haciendo de la biodiversidad un instrumento de competitividad de sus economías.

El país no ha dado el salto cualitativo de la retórica a la acción, de las políticas a los proyectos concretos y específicos, en temas que, si bien no son fáciles, si requieren decisión política, de espíritu innovador y de no tener temor a equivocarse y replantear el camino trazado, como los esquemas de pagos por diversos servicios ambientales. Aún seguimos ensayando pequeños proyectos piloto, de baja escala, con escaso o ningún impacto y, mucho peor, sin acciones claras de sistematización y aprendizaje que nos permitan extraer de ellos las debidas lecciones para escalarlos o replicarlos en regiones y contextos diferentes de los originalmente probados.

El pago por servicios de mitigación del cambio climático no escapa a esta tendencia perversa. Por eso, como país, no sólo nos hemos limitado a seguir muy juiciosamente los mecanismos que la institucionalidad internacional ha diseñado para países como el nuestro – y el MDL es el mejor ejemplo de ellos -, sino que hemos sido temerosos de apuntarle a otras alternativas que han surgido y se han desarrollado paralelamente. En muchos casos, estas alternativas – como los mercados voluntarios de carbono - podrían representar oportunidades económicas para el país y ventanas para generar recursos para la conservación de la abrumadora biodiversidad de Colombia. No es necesario profundizar demasiado en las dificultades que el MDL ha planteado para los proyectos forestales y agroforestales y, como consecuencia, la falta de efectividad de dicho mecanismo para generar reales oportunidades para la conservación de la biodiversidad, para el establecimiento de vínculos claros entre mitigación, reducción de la vulnerabilidad y adaptación y para el mejoramiento de las condiciones de vida de importantes sectores de la población que han estado marginados de participar activamente de sus beneficios.

 

La decisión de preparar la alternativa

Como consecuencia de lo anterior, Colombia no ha sido muy activa en los mercados voluntarios de carbono; prueba de ello es el hecho de que, hasta mediados de 2012, sólo seis proyectos colombianos aparecían validados en los registros de los principales estándares internacionales y de ellos sólo dos eran proyectos de carbono forestal, con reconocidos co-beneficios de biodiversidad y gestión social y comunitaria.

Estas razones son, entre otras, las que han impulsado a la Fundación Natura Colombia a plantear el establecimiento en el país de un mecanismo, basado en herramientas de mercado, que permita promover las acciones creíbles y verificables de mitigación voluntaria en el país. Este mecanismo no constituye, ni mucho menos, el desarrollo de un esquema de transacción de emisiones de GEI creado a partir del establecimiento de límites obligatorios a las emisiones de las empresas de algunos sectores de la economía colombiana – en el que, repetida aunque no unánimemente, el Gobierno colombiano ha manifestado no estar interesado -, sino uno que pretende generar un mercado local de reducciones de emisiones verificadas (VERs) que sea impulsado por las acciones de mitigación que, voluntariamente, emprendan las empresas colombianas, como parte de estrategias propias de competitividad, apertura o conquista de nichos de mercado, Responsabilidad Social Empresarial o fortalecimiento de su imagen frente a sus clientes internos y externos.   

 

Los ingredientes básicos del sistema

Pero vamos por partes. Al hablar de un mercado local nos referimos a mercado en un sentido general, de escenario de transacciones entre oferentes y demandantes de un bien o servicio específico, en este caso el servicio de mitigación del cambio climático a partir de la captura o reducción de emisiones de GEI; dicho servicio está representada en la generación de VERs, entendidos como commodities transables entonces en dicho mercado. Y como todo mercado, tiene tres componentes básicos: oferta, demanda y los arreglos institucionales (las reglas de juego) que garantizan su funcionamiento adecuado, transparente, confiable y, en últimas, el cumplimiento del objetivo para el cual fue creado, en este caso: promover la mitigación del cambio climático en un país que no tienen compromisos internacionales de reducción de sus emisiones.

 

La demanda

De estos tres componentes, reconocemos que la demanda es el que debe impulsar, a manera de motor, el desarrollo de este incipiente mercado. Sin demanda no hay mercado, así que crearla, promoverla, debe ser uno de los principales objetivos. Hace tres años, cuando la iniciativa daba sus primeros pasos, la preocupación sobre la existencia o no de una demanda nacional, colombiana, de servicios de mitigación era central al proceso mismo de diseño; en este lapso, las empresas del país han dado pasos importantes, aunque todavía no del todo suficientes, en generar comprensión de las relaciones entre mitigación, productividad y competitividad. Como reflejo de ello hay un interés manifiesto de un grupo de empresas líderes (en sectores como energía, hidrocarburos, comercio, servicios financieros) por encontrar formas más eficientes de abordar la mitigación.  La iniciativa quiere aprovechar ese interés y, mediante el trabajo con un grupo significativo de tales empresas como iniciativas piloto, generar herramientas para fortalecer las capacidades del sector privado para la definición de estrategias integrales de mitigación del cambio climático, vinculadas estrechamente a sus objetivos empresariales y comerciales. Asociado a ello, la intención es generar un conjunto de incentivos, desde el ámbito privado (lo cual descarta de entrada temas regulatorios o tributarios) que acompañen o faciliten esas acciones de las empresas, y que puedan estar relacionadas con información, mecanismos de financiación, programas de reporte y transparencia, esquemas de reconocimiento, certificaciones, etc.

 

La oferta…

Desde el punto de vista de la oferta, y de forma consecuente con su origen institucional y con el interés manifiesto de generar alternativas de co-financiación para acciones de conservación y manejo sostenible de la biodiversidad (a manera de pagos por servicios ambientales), la iniciativa se ha propuesto trabajar inicialmente con una oferta de servicios de mitigación provistos por proyectos de carbono forestal, exclusivamente colombianos. El énfasis en este tipo de proyectos está plenamente justificado por el hecho de que éste es el grupo de proyectos que mayores barreras ha enfrentado en esquemas como el MDL (es muy diciente la baja participación de proyectos de carbono forestal en portafolios nacionales de este tipo de proyectos, cercana al 4% de los proyectos registrados ante la UNFCCC en 2012); que además enfrenta otro tipo de barreras internas, de tipo financiero (una alta percepción de riesgo frente a los potenciales inversionistas) o técnico (importantes vacíos de información sobre especies nativas de la biodiversidad colombiana, que limitan su uso en estos proyectos); pero que simultáneamente es promisorio por los beneficios que su impulso podría generar, no sólo en términos de biodiversidad, sino también de participación de grupos comunitarios (e incluso étnicos), de fortalecimiento de mecanismos para el manejo del territorio en muchas zonas del país.

 

….. y cómo fortalecerla

El objetivo principal de este componente de oferta es crear una masa crítica de proyectos de carbono forestal, validados y verificados, desarrollados en diferentes zonas del país, que pueda ser aprovechada por la naciente demanda empresarial y, a partir de cuyo desarrollo, se sienten las bases para que, cada vez más, los actores nacionales puedan incursionar con propiedad en los mercados voluntarios de carbono. Esto exigirá, además del apoyo directo a un selecto grupo de proyectos maduros y promisorios en el corto plazo, un esfuerzo importante en capacitación, entrenamiento, promoción, desarrollo de herramientas (manuales, guías, estudios de caso) y generación de información; y también unas acciones concretas para fortalecer la capacidad instalada del país para identificar, desarrollar, validar, verificar y monitorear los proyectos de carbono forestal, incluso como una oportunidad para ofrecer estos servicios en la región.

Como un mecanismo de manejo del riesgo, y ante una eventual falta de demanda nacional, la iniciativa prevé una conexión directa con la demanda internacional, garantizada por la utilización de estándares de carbono y registros internacionalmente reconocidos que, además, garanticen la confiabilidad y la trazabilidad de los VERs generados, y la efectividad comprobada de la mitigación.

 

Las reglas del juego

El último componente, lo constituye la plataforma tecnológica e institucional que soportará el funcionamiento de este mercado piloto y que, a través del desarrollo de tres módulos básicos buscará abastecer de información relevante y pertinente a todos los actores participantes, garantizar la trazabilidad, evitando simultáneamente la posibilidad de una doble contabilidad nacional de reducciones provenientes de distintos orígenes (MDL, mercados voluntarios, NAMAS), y proveer una interfase sencilla para la realización de transacciones, utilizando la capacidad que ya ha sido creada por los mercados de otros tipos de commodities.

Institucionalmente, la iniciativa congrega entidades con alto reconocimiento en el país en los temas relacionados con ella. Por eso se ha previsto la participación, a manera de socios, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Cámara de Comercio de Bogotá, la Bolsa Mercantil de Colombia, WWF Colombia, el Centro de Investigaciones Carbono y Bosques, CECODES (capítulo nacional del WBCSD). Se mantiene abierta la oportunidad de vincular los trabajos y avances de otras entidades públicas y privadas del país.

 

Los recursos y la ayuda para lograrlo

Un apoyo clave para esta iniciativa proviene del Global Environmental Facility (GEF), que ha decidido co-financiarla con USD $2.700.000 en recursos frescos, porque reconoce su enfoque innovador y por el potencial que tiene para lograr resultados adicionales a los de los instrumentos internacionales  actualmente vigentes, como el mismo MDL.  Estos recursos son administrados por el Banco Interamericano de Desarrollo, que actúa como agencia ejecutora y que, adicionalmente ha acompañado técnicamente el desarrollo de las etapas de formulación e implementación.  Ahora bien, el esfuerzo local de financiación es incluso más importante, pues diversas entidades públicas y privadas, lideradas por la Fundación Natura Colombia, aportarán un total de USD $7.923.900 en los próximos cuatro años, para completar los recursos técnicos, logísticos y administrativos necesarios.  Además, la Fundación está realizando un esfuerzo permanente para atraer nuevos recursos y fuentes de financiamiento, que permitan escalar el alcance de la iniciativa y financiar algunas acciones adicionales.

 

Y ahora sí, manos a la obra

2013 es el año clave para el despegue y la visibilidad, nacional e internacional, de la iniciativa pues, después de un proceso de establecimiento, se concretarán una serie de actividades  de cada uno de los componentes. Sin pretender ser exhaustivos sobre ellas, ya se están generando guías y lineamientos para orientar a las empresas colombianas en el desarrollo de sus estrategias de mitigación, mientras a la par se realizan pre-diagnósticos de emisiones que permitirán seleccionar las primeras empresas beneficiarias/socias del proyecto, y se avanza en la selección de los incentivos más costo-efectivos para iniciar su desarrollo. Al final del año ya se estarán desarrollando las actividades de apoyo a los cinco primeros proyectos de carbono forestal del portafolio, y, aprovechando una alianza establecida con VCS, se habrán construido diferentes estrategias de capacitación, formal y no formal, dirigidas a desarrolladores provenientes de comunidades, comunidades étnicas y autoridades ambientales locales. Además, como mínimo, deberá estar implementado el módulo de información de la plataforma transaccional, y se habrá avanzado en la definición de los arreglos institucionales requeridos para su administración. 

 

Este mercado ¿es un ingrediente de la gran solución?

Una pregunta permanece siempre vigente: ¿es el mercado la solución óptima para el "problema" planteado?  Puede haber tantas respuestas como percepciones hay sobre los mercados en general, y los mercados ambientales en particular. En el caso colombiano, por lo menos en el corto y mediano (?) plazo, los mecanismos de comando y control están descartados como una opción de política para generar acciones significativas de mitigación; otras acciones, promovidas por el Estado, como el diseño de una estrategia de desarrollo bajo en carbono, que tiene importantes probabilidades de éxito, están aún en etapas tempranas de desarrollo y, de ninguna manera, son incompatibles con una estrategia basada en los mercados sino más bien complementarias. Ahora bien, los mercados son escenarios conocidos, familiares, y de fácil entendimiento para los empresarios y esto es, al menos, garantía de que su adopción será más sencilla, y de que la curva de aprendizaje no será tan costosa.

Persisten, y seguramente persistirán, las preocupaciones sobre las condiciones que garantizan el buen funcionamiento de los mercados. La mano invisible debe ser visibilizada; las asimetrías de información deben ser reducidas (y con eso estamos comprometidos); y unas reglas de juego claras y transparentes deben ser construidas con la participación de todos aquellos interesados en lograr el objetivo común. Y esta iniciativa colombiana le apunta a convocar a la empresa privada, las comunidades, la sociedad civil, el gobierno para generar estas condiciones, que exigen unas reglas básicas y un monitoreo constante, pero que también reclaman que no haya un exceso de regulación e intervención que pudiera introducir distorsiones innecesarias y dar al traste con una buena idea, de cuyas bondades estamos todos convencidos.

Más que realidad, es también nuestro sueño pensar que el éxito de este “mecanismo” nos permitiría pensar en su ampliación o replicación en otros países de la región (Suramérica y Centroamérica) y pondría por fin a Colombia en la posición innovadora y de vanguardia donde desde hace muchos años hemos querido verla.

 

Roberto León Gómez Charry es Coordinador General del “Mecanismo de mitigación voluntaria de gases de efecto invernadero para Colombia” en la Fundación Natura Colombia www.natura.org.co. Lo puede encontrar en rlgomez@natura.org.co. Roberto forma parte del Comité de Asesores de Valorando Naturaleza. Este es su primer artículo para esta plataforma de información.

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